Relojes Extraviados

Que pena la tardanza. He extraviado todos mis relojes. Me tomo años recuperar esta manera de sentir. La lógica del momento  presente,  la vida, tu tacto y mi piel, nuestros labios secos de frio o de besos.

Que pena la tardanza.  Más tú siempre has llegado tarde a todas partes. Yo al contrario corro torpemente para llegar a tiempo, aun cuando los semáforos nunca estén en verde, los trenes no paren y los puentes se levanten en el aire cuanto estoy a punto de cruzarlos.

Que pena la tardanza. Mis pies me llevaron a tu orilla y mi insomnio te llevo al costado derecho de la cama donde deposite los sueños de prolongar mi estadía en la antesala de tu corazón, mientras te cubría tus pies fríos con mi calor.

Me he obligado a abandonar adrede esa ilusión, para que cuando reposes tus sienes en la almohada: recuerdes… Y revivas pantanos y soles sonrojados, respires la hierba flotando en el agua, reposes las lunas de octubre en el mar desplegadas, rehúyas el frio y seas uno en un abrazo, recuperes el alma, re-pienses lo profundo, y revivas a promessa de via no teu coracao, a falta de un canto.

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5 pensamientos en “Relojes Extraviados

  1. Me encanta, Gina. Gracias por entrar en mi blog, gracias a lo cual he podido conocer el tuyo por el que pasearé a menudo. Me gusta mucho cómo escribes y lo que cuentas.
    Un saludo.

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