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A la Sombra de Wayne

La lectora esta de luto. Perdí al escritor, perdí al mentor, perdí al padre. Wayne Dyer se ha ido.

Lápiz y papel  han sido relegados al olvido sobre aquel mesón donde surgieron todas sus palabras. La libreta amarilla y a rayas ha quedado a la espera de los anhelados encuentros a las tres de la madrugada.

El acercamiento a su obra me hizo conocerle como si hubiese vivido una larga temporada en Michigan, New York o Maui. Entonces reviví con él todas sus memorias. Pude visualizarlo en todas sus etapas, particularmente su niñez carente de los cuidados amorosos de su madre y la evidente ausencia de su padre refundido en una botella de etílico. Fui niña con él, cuando vi tantos amaneceres como hogares sustitutos; en un estado casi de orfandad sin claudicar a la sonrisa y a la posibilidad.

Me enlisté junto con él en la Fuerza Naval Norteamericana, en el Pacífico Sur. Allí Wayne desató su joven rebeldía tras dirigir una critica misiva de carácter político e institucional, a un periódico local de la ciudad de Detroit. Allí supo que la verdad era su voz, su pluma y su escudo. En esta travesía asistió al encuentro con los pioneros de la psicología y otros modernos precursores en el campo de las ciencias de la Psique. Allí surgió su fascinación con la academia y la pedagogía. Allí se enamoró de su primera esposa y entonces nació la primera de ocho hijos.

Por la vía de las letras preparó su trayecto hacia la reconciliación con su padre. Una reconciliación tardía frente a una lápida, casualmente un 30 de Agosto. Tomo algún tiempo comprender que la vida le había puesto de por medio a su más grande maestro, el mismo que le enseñaría que el camino hacia la pacificación de todo rencor solo era posible a través del perdón.

Un sin numero de veces citó a Mark Twain al recordar que “El perdón es la fragancia que la violeta deja en el talón que la ha pisado”. Fue así como el resentimiento mas profundo y doloroso de su vida cedió al sentimiento mas honorable de todos, el perdón.

Wayne Dyer, estudio y superó así todas sus zonas erróneas y en su trasegar nos invitó a vivir junto con él una vida con intención, espiritualidad e inspiración. Disfrute tardíamente de todos sus triunfos. Mi estantería lo conoció años después de haberse convertido en un Bestseller Norteamericano. Sus libros reposan en todos los rincones de mi casa como un vademécum al cual recurro cada vez que se me antoja un encuentro.

De la estantería, Wayne paso a compartir el café matutino. Lo lleve conmigo a playas y parques. Fue perfecto acompañante de tardes y de viajes. En tiempos de prolongados silencios me ofreció palabras de compañía y aliento. Lo conocí tanto como yo me lo permití, y tanto como él nos lo permitió. Wayne emergió de las páginas para materializarse en la vida de todo aquel quien lo leyó.

De vuelta a casa hallará por fin todas las respuestas a las preguntas mas trascendentales.  Un cortejo de profetas, maestros ascendidos y demás seres iluminados lo acogerán para darle la bienvenida. Y su madre, su adorada madre. Y su padre, su padre…

Habrá que recordarle más allá de las letras y habremos de reconocer que se ha ido un grande, un irremplazable.

Con todo mi amor para mi querido Wayne Dyer… Aquel quien siempre me recuerda que no podré morir con la música aún dentro de mi…

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2 pensamientos en “

    • Se lo debía. Es increíble la manera como alguien puede tocar tu corazón sin tan siquiera conocerle personalmente. Abrazos para ti. Aprecio que hallas pasado a dejar este comentario.

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